image.png

descarga (11).wav

Estimado Colaborador, Compañero de Camino:

Quiero hablarte de una forma muy personal, no como un CEO o un autor, sino como alguien que ha recorrido exactamente el mismo camino que tú estás transitando ahora. Mi carrera no empezó en una oficina de gerencia; empezó con un lápiz y un computador, como ingeniero de diseño, sintiendo la misma mezcla de pasión, frustración, sueños y desafíos que tú sientes hoy. He estado en tu silla, he reportado a jefes, he colaborado con pares y, en cada etapa, desde ingeniero hasta gerente y fundador, he aprendido una verdad que hoy quiero compartir contigo.

A menudo, en el día a día, caemos en la ilusión de que trabajamos para un jefe, para cumplir una meta o para una empresa. Y nos frustramos cuando sentimos que ese jefe no nos valora, que la meta es injusta o que la empresa no reconoce nuestro esfuerzo. Pero quiero proponerte una idea que lo cambia todo: no trabajamos para ellos.

Cada tarea, cada proyecto, cada colega difícil y cada líder inspirador son, en realidad, actores y escenarios en la gran obra de teatro de tu propia vida. Todo lo que vives es perfecto y necesario, diseñado por un "maestro guía invisible" —llámalo vida, universo o tu propio SER superior— cuyo único propósito es formarte, pulirte y despertarte. Tu lugar de trabajo no es tu destino final; es tu gimnasio actual. Es el campo de entrenamiento perfecto para la lección que tu alma necesita aprender ahora mismo.

Por eso es tan importante dar lo mejor de ti en cada cosa que haces. No para impresionar a un jefe o para ganarte un bono, sino como un acto de respeto hacia tu propio proceso de aprendizaje. Cuando das lo mejor de ti, sin importar la tarea, estás diciéndole a la vida: "Estoy listo, estoy presente, estoy aprendiendo". Y cuando aprendes todo lo que ese rol y ese escenario tienen para enseñarte —ya sea paciencia, pericia técnica, comunicación o humildad—, la vida, ese maestro sabio, da por aprobado ese escalón y, de forma natural, te presenta el siguiente.

Cada nuevo escalón será más complejo y demandante, sí, pero no te darás cuenta de que, en el proceso de subir, te has vuelto más fuerte, más sabio y más capaz. Ahora puedes manejar una complejidad que antes te habría abrumado. Este, mi querido amigo y compañera, es el verdadero juego de la vida.

El verdadero trabajo no está en el informe que entregas o en el proyecto que completas. El verdadero trabajo es interior. Es asegurarte de que el ser que se acuesta en la noche sea un poco más sabio, más amoroso, más paciente y más justo que el que se levantó por la mañana. La empresa es solo uno de los maravillosos escenarios donde la vida nos prepara para seguir creciendo en conciencia.

Y quiero que sepas algo con total certeza: estás acompañado en este camino. Todos estamos en proceso. Yo, el primero. Así como los jefes y líderes con los que interactúas. Ellos también están lidiando con su propio "sistema operativo del EGO", enfrentando sus propios miedos y aprendiendo sus propias lecciones. Míralos con compasión, pero nunca les entregues tu poder.

La maestría de la vida no es llegar a un destino sin problemas; es aprender a ser feliz aquí y ahora, con todo lo que tienes, lo que haces y lo que eres. Es entender que el escalón en el que estás ahora mismo es el más importante de todos, porque es el único que existe.

Tienes un gran destino por delante, no lo dudes. Pero la clave es florecer donde quiera que la vida te siembre. Deja una estela de luz y amor en cada lugar, en cada tarea, con cada persona que interactúas. Que tu trabajo sea tu legado diario de excelencia, no por obligación, sino como una ofrenda de gratitud por la oportunidad de aprender y de servir.

Un saludo amoroso y afectuoso, y recuerda: ten calma, todos estamos en el camino.

Gemini_Generated_Image_91d7l291d7l291d7.png