En el capítulo anterior, identificamos el Sistema Operativo del EGO. Ahora, debemos analizar su comportamiento en nuestro entorno, en nuestra "academia" y "gimnasio" diario que es la empresa y el trabajo. Debemos entender la anatomía de su única forma de expresión: la Fuerza.
Es fundamental comprender esta verdad: la Fuerza no es simplemente un mal hábito o una de varias opciones de liderazgo. Para el SO-EGO, la Fuerza es su única herramienta posible. Dado que su percepción del mundo se basa en la separación, la supervivencia y la amenaza, cada una de sus respuestas debe ser, por necesidad, una manifestación de la Fuerza. No conoce otro lenguaje.
El Poder, por el contrario, emana del SER, de la conciencia que reconoce la unidad, la seguridad intrínseca y la abundancia. Por lo tanto, el EGO no puede acceder al Poder, de la misma manera que una calculadora no puede ejecutar un programa de inteligencia artificial. Son fundamentalmente incompatibles.
Nuestra labor como líderes en transformación es aprender a reconocer las "aplicaciones" o "programas" de Fuerza que el EGO ejecuta automáticamente, para poder entonces conscientemente elegir no abrirlos. Estas aplicaciones son cuatro principalmente: el control, la crítica, la manipulación y la confrontación.
El EGO vive con un miedo subyacente a lo desconocido, a la pérdida de estatus y al fracaso, porque equipara estos eventos con la muerte de su propia identidad. Su antídoto para este miedo es el control. Cree, ilusoriamente, que si puede gestionar cada variable, supervisar cada movimiento y aprobar cada decisión, podrá prevenir cualquier resultado negativo y así garantizar su supervivencia.
Simulación: Usted ha asignado un proyecto crítico a una directora de alta capacidad. Sin embargo, su SO-EGO está activado por el miedo a que el fracaso de este proyecto se refleje mal en usted.
El EGO fortalece su frágil sentido de identidad a través de la comparación. Para sentirse "arriba", necesita que algo o alguien esté "abajo". La crítica y el juicio son sus herramientas más rápidas para crear esta separación artificial. Al señalar el defecto en otro, el EGO experimenta un fugaz momento de superioridad y auto-justificación.
Simulación: Durante la revisión mensual de proyectos, un gerente presenta sus resultados. Ha cumplido el 95% de sus objetivos, un gran logro, pero ha fallado en un indicador secundario.
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Al examinar la Crítica y el Juicio como manifestaciones del EGO, observamos una de las dinámicas más dañinas en el liderazgo: la necesidad de sentirnos superiores mediante la devaluación de los logros ajenos. Esta tendencia a enfocar el 5% fallido e ignorar el 95% exitoso revela mucho más sobre nuestra inseguridad que sobre la competencia de quienes evaluamos. Cuando un líder cae en este patrón, no solo desmoraliza a individuos talentosos sino que construye culturas organizacionales donde el error se oculta y la innovación se paraliza. La crítica, que podría ser una herramienta de crecimiento cuando nace del SER, se convierte en un arma de destrucción cuando surge del EGO que busca reafirmar su posición jerárquica.
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El EGO opera bajo la creencia fundamental de que los recursos (el poder, el reconocimiento, el dinero, el éxito) son finitos y están en juego. No cree en el ganar-ganar; su mundo es de suma cero. Por lo tanto, cuando quiere algo, y no puede o no se atreve a usar la confrontación directa, recurre a tácticas indirectas para inclinar el juego a su favor.
Simulación: Necesita que su director financiero apruebe una inversión de riesgo en una nueva tecnología que usted desea impulsar, pero sabe que él es muy conservador.